miércoles, 8 de febrero de 2012

Hay que tener fé.

¡Al loro, qué no estamos tan mal hombre! ¿Recuerdan esta famosa expresión? El tipo que la popularizó no despierta demasiada simpatía en mí, pero tenía más razón que un santo. Si salvamos el espacio de tiempo podemos aplicarla aún hoy día. Sí, porque aunque parezca lo contrario, no ha sucedido nada trágico. Se ha perdido una partido ¿y qué? ¿Es ése motivo para dudar y criticar  a esos que nos han conducido a soñar con la gloria? Ni mucho menos.

Para valorar dónde está este Córdoba y dónde puede llegar es imprescindible echar la vista atrás y saber quiénes somos. Se llama historia y en su etapa más reciente ha sido extremadamente cruel. Por eso, una bofetada no puede ser excusa para desfallecer y caer en la crítica barata, ésa que señala con el dedo sin tener en cuenta las circunstancias.
Para lo bueno y para lo malo, aquellos que elegimos como nuestros particulares dioses siguen siendo los mismos, con la misma filosofía y los mismos valores. Esos que le han conducido a ser el referente de un fútbol que a todos gusta, pero pocos son capaces de alcanzar. Sin milagros. Con trabajo. Han sabido suplir sus carencias con una esplendorosa motivación, sin pedir nada a cambio. Una manifestación de confianza en sí misma, una demostración de fe sin parangón.
¿Fe? Sí, ese no sé qué que qué sé yo. Fe, esa sinrazón que cambia el orden establecido en apenas décimas de segundo. La fe es esa sensación que hace mover los músculos cuando el agotamiento ya se ha apoderados de ellos, inyectando una dosis ilimitada de pasión. Es una descarga de adrenalina en el momento más necesario, cuando los impulsos se hacen dueños de la razón. Es esa innegable convicción de saber que no existen los imposibles (lo demostró el Almería). Fe es no desfallecer cuando el destino te golpea incesantemente. Fe es saber levantarte para ser tú el que golpea al destino.
Si eso es la fe, ni entiendo ni comparto las reacciones extremadamente resultadistas y sin perspectiva que inundaron comentarios en webs y redes sociales el pasado sábado. La eterna y maldita dicotomía por la cual se endiosa o castiga sin piedad al prójimo es una postura imprudente y un tanto cínica. Con un propósito oscuro. Pensar así es caminar hacia el cadalso para ser los primeros en presenciar una ejecución que nosotros mismos habremos alentado. Pero, recuerden ¡no estamos tan mal hombre! Perder la fe sería perder la esencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario